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sábado, 2 de diciembre de 2017

Juicio en la antigua Atenas

https://franciscojaviertostado.com/2015/10/09/juicio-en-la-antigua-atenas-y-como-ser-abogado-de-uno-mismo/
Al igual que en nuestros tiempos los juicios en la antigua Grecia tenían mucho de espectáculo consistiendo básicamente en un enfrentamiento dialéctico. Un cara a cara que se realizaba en el Areópago (antiguo tribunal aristocrático) si se trataban de delitos de sangre o criminal. Estos se hacían al aire libre para evitar que “la mancha del acusado se propagara a los jueces y al acusador”. Para otros tipos de delitos, el papel de juez correspondería al propio pueblo, ciudadanos de cada tribu elegidos con un original sistema, el cleroterion. Este consistía en un bloque de piedra que presentaba unas incisiones en hileras para que cada miembro introdujera una ficha. Después, los dados negros y blancos que se extraían de un embudo decidían la fila “agraciada”.
Cleroterion. Antiguo Museo Ágora en Atenas.
Es sorprendente la analogía de aquellos juicios con los actuales. La acusación debía realizarse por escrito y si el magistrado que presidía el tribunal la aceptaba, requería a las partes el depósito de gastos fijando un día para la instrucción. Tras presentar las pruebas (documentos, prendas…) estas se guardaban en una caja sellada hasta el día del juicio.
Ese día, los participantes en el jurado madrugaban para poder acomodarse en un buen lugar y el presidente se sentaba en una tribuna de piedra junto a un escribano, un heraldo y arqueros que se encargarían de la seguridad. Las partes en conflicto se situaban en los extremos de la tribuna y a la hora dispuesta se cerraba la puerta del recinto y se entregaba una ficha a cada uno de los miembros del jurado para que al final la cambiaran por la paga asignada por su presencia en el juicio (tened presente que ese día no acudían a sus respectivos trabajos en el campo con la pérdida económica que eso significaba). Tras leer las causas eran los turnos del denunciante y del acusado, que en ocasiones eran representados por un tutor legal o el dueño si se trataban de mujeres, menores, esclavos o extranjeros.
Como que no existían abogados debían espabilarse ellos mismos, y claro, había gente con más o menos capacidad de persuasión. Para compensarlo existía la figura del logógrafo, que preparaban los discursos de sus clientes que después debían memorizar para explicar delante del jurado, siempre ajustándose a unos tiempos preestablecidos, de 20 a 48 minutos para la primera intervención y de 8 a 12 minutos para la rectificación, tiempos que podían variar según el importe de dinero en disputa.
Os preguntaréis cómo calculaban ese tiempo si no existían cronómetros ni relojes. Para contestar debemos fijarnos nuevamente en el magnífico cuadro de arriba. Vemos en el centro de la imagen un recipiente colocado detrás de una figura dorada que bien podría corresponder a un reloj de agua (clepsidra). Este ingenio no era nuevo, los egipcios ya lo utilizaban sobre todo por la noche cuando no se podía utilizar el reloj de sol, obviamente. Después, los romanos lo copiarían de los griegos tanto en sus tribunales como para medir el tiempo de las interminables y odiosas guardias nocturnas castrenses.
Clepsidra – Reloj de agua. Reconstrucción de unos originales de arcilla de finales del siglo V a. C. Antiguo Museo Ágora en Atenas.
Las clepsidras consistían en vasijas de cerámica que se llenaban de agua hasta el borde, con un orificio en su base de un tamaño prefijado para asegurar la salida del líquido por un tubo de bronce a una velocidad preestablecida. Dentro del recipiente se encontraban otras marcas que indicaban los diferentes períodos de tiempo. Podríamos decir que eran los cronómetros de la antigüedad, incluso Platón ideó un despertador con este mecanismo.

Durante el juicio era habitual oír gritos de desaprobación o de apoyo (en esto sí que se ha cambiado porque ahora el juez te expulsa inmediatamente de la sala) debiendo dictarse el veredicto el mismo día del juicio (hoy se tardan días, semanas, meses…¡Buf!). La forma de emitir el voto fue cambiando con el tiempo. En el siglo V a. C. el jurado introducía una concha o un guijarro, según fuera o no favorable. Más tarde, a partir de 390 a. C.,  el jurado recibía dos fichas de voto de bronce, entera o horadada, que se depositaría en una jarra, según el caso.

Estos discos se utilizan para emitir el voto de un jurado en un caso (300 a. C.).  Antiguo Museo Ágora en Atenas. Haz clic en la imagen para ampliarla.
Antes de terminar permitidme presentaros otra figura muy temida por los ricos “honrados” (que también los había), los sicofantas, representados en el teatro de Aristófanes. Eran personas sin escrúpulos que se dedicaban a calumniar a otras a cambio de dinero, y para ello no tenían ningún reparo en comprar testigos y falsificar todo tipo de pruebas (vamos, que eran unos “perlas”) Conocidos y despreciados por la sociedad muchos llegaron a lucrarse a pesar de las fuertes multas que en ocasiones recaían sobre ellos tras descubrirse su complot. Tener dinero y a la vez ser tímidos e incapaces de desenvolverse en un juicio les convertía en presa fácil para los sicofantas, una actividad que no era exclusiva de Atenas sino de todas las democracias griegas.
La monarquía, oligarquía y tiranía practicadas anteriormente, acabarían transformándose en Democracia, un gobierno del pueblo, y aunque no puede hablarse de democracia griega en general (básicamente sería en Atenas donde se practicaría) dejarían una impronta en la Historia de la Humanidad que sería y sigue siendo ejemplo para todos (aunque todo se puede mejorar, por supuesto).

lunes, 16 de mayo de 2016

Esclavos en Atenas, la vida sin libertad

Esclavos en Atenas, la vida sin libertad

Capturados en tierras lejanas, los esclavos se enfrentaban a una vida de trabajo y explotación de la que pocos escapaban

Resulta muy difícil saber qué proporción de esclavos frente a ciudadanos libres había en Atenas durante la época clásica. Los cálculos de los historiadores sugieren que esa proporción estaba próxima a un tercio de la población total. Esta considerable cifra revela un aspecto de la sociedad de la antigua Grecia que a veces tendemos a olvidar: la presencia de decenas de miles de individuos explotados como mano de obra, a veces de forma brutal, y condenados de por vida a la subordinación y el silencio, aunque algunos de ellos tuvieron la oportunidad de integrarse en la vida cotidiana de los ciudadanos de pleno derecho.
La gran mayoría de los esclavos de Atenas eran bárbaros nacidos en tierras lejanas, que habían caído en la esclavitud por vías diferentes. Algunos eran apresados por piratas y bandidos, o bien eran capturados durante las frecuentes guerras, en las que mujeres y niños se convertían en un valioso botín. También podían ser vendidos por sus familias: Heródoto cuenta que algunos pueblos, como los tracios, vendían a sus hijos a traficantes de esclavos que los llevaban a los grandes mercados de esclavos de Éfeso y Bizancio, ciudades situadas en la periferia del mundo griego, desde donde eran conducidos hasta Atenas. Los esclavos llegaron a ser tan baratos y su suministro tan regular que no hubo en la época clásica ninguna necesidad de criarlos en las haciendas.

Obreros, criados, policías...

Los esclavos hacían trabajos muy diversos; de hecho, no había ninguno específicamente servil. En Atenas había esclavos públicos que se empleaban en la policía: son los famosos arqueros escitas, un cuerpo creado en 476 a.C. y que acampaba en el Areópago (sede del Consejo de la ciudad). También se ocupaban en la administración como secretarios, escribas y verdugos. Su presencia en los campos debió de ser escasa, pues el Ática estaba llena de pequeños propietarios agrícolas. Los esclavos trabajaban sobre todo en talleres: artesanos y comerciantes compraban al menos uno y le enseñaban su oficio con la esperanza de retirarse y vivir del trabajo de su esclavo. Algunos ciudadanos poseían negocios a cierta escala con esta mano de obra: el padre del orador Demóstenes poseía 32 esclavos fabricantes de cuchillos, y el orador Lisias tenía 120 esclavos en su taller de armas (la mayor empresa ateniense de la que tenemos noticia).
Algunos amos dejaban trabajar por su cuenta a sus esclavos, que sólo estaban obligados a pagar una renta fija. Se les llamaba «los que viven aparte» y su modo de vida no sería muy diferente al de los hombres libres. Esclavos y ciudadanos trabajaban a menudo codo con codo y recibían el mismo salario, tal como sabemos por las inscripciones que registran las cuentas de las obras de los edificios públicos.
También había numerosos esclavos domésticos. Se les incorporaba a la familia con el mismo ritual con el que se acogía a la novia: se les hacía sentar en el hogar y la dueña de la casa echaba sobre su cabeza higos y nueces. También se les daba un nombre. Por eso los esclavos eran enterrados en la sepultura familiar. En algunas fiestas, como las Antesterias, podían unirse a la diversión de toda la familia, y en las dedicadas a Crono se les daba el día libre y permiso para comer con sus amos.
Un ateniense medio tenía al menos doce esclavos: un portero, un cocinero, un pedagogo (que llevaba a los niños a la escuela) y varias sirvientas que se ocupaban de las tareas de la casa. Las dirigía otra esclava, una que había llamado la atención de sus amos por su moderación en la bebida, la comida, el sueño y el trato con los hombres. Dentro de la casa, el alojamiento de las mujeres estaba separado del de los hombres por una puerta con cerrojo para evitar que procreasen sin el permiso de los amos.
La dueña de la casa tenía el deber de ocuparse de los esclavos domésticos. «Una tarea te parecerá poco grata: si se pone enfermo uno de los esclavos tienes que procurar por todos los medios que se cure», advierte un ateniense a su esposa, según Jenofonte. Incluso se hacía venir al médico, pues la muerte de un esclavo suponía la pérdida de una posesión material valiosa. Los atenienses se quejaban siempre de la desvergüenza y la grosería de sus esclavos. Un buen ejemplo es el esclavo portero que aparece en un diálogo de Platón, el Protágoras, que cierra la puerta en las narices al mismísimo Sócrates.

El palo y la zanahoria

Los esclavos que movían las muelas en los molinos o las esclavas compradas por el Estado para los burdeles del puerto del Pireo llevaban una vida muy dura. Pero el peor destino de todos era el de los que trabajaban en las minas de plata de Laurio, pues malvivían en condiciones miserables. Allí, en los períodos de mayor actividad pudo haber decenas de miles, sobre todo tracios y paflagonios procedentes de regiones mineras. El Estado, que era propietario de las minas, ofrecía la concesión a particulares que la explotaban con el trabajo de los esclavos.
Aunque Platón dice que «la propiedad de hombres también tiene sus dificultades», la regla era simple: recompensar a los esclavos diligentes –con mejores vestidos y alimentos, con un trato más humano y con la posibilidad de tener una compañera– y no vacilar en castigar a los que no aceptaban de buen grado su condición o eran inútiles para sus amos: se atemperaba su lujuria a base de hambre, se les encerraba para impedir que robasen, se les cargaba de grilletes para que no escapasen y se empleaba el látigo para corregir su pereza. Toda clase de castigos valía para obligarles a comportarse como un esclavo.

La ansiada libertad

Los esclavos eran, como dice Aristóteles, una «posesión animada» y no tenían, por tanto, derechos legales. Atenas sólo les protegía contra una muerte arbitraria. También podían escapar de un amo especialmente cruel acogiéndose como suplicantes en el templo de Teseo y pidiendo que se les vendiera a un dueño mejor, aunque esta opción sería rara en una ciudad donde se podía encontrar fácilmente esclavos en el mercado. Los esclavos podían declarar en los procesos judiciales, pero sólo si se les sometía a tormento; «atándolo a una escalera, colgándolo, azotándolo con un látigo, desollándolo, retorciéndole los miembros», según cuenta Aristófanes. Muchas veces, las partes implicadas ofrecían a sus propios esclavos para declarar en esas condiciones; se suponía que sólo bajo tortura se declaraba la verdad.
Los amos podían conceder la libertad a sus esclavos con una simple declaración ante testigos; un esclavo también podía rescatar su persona gracias al peculio, esa pequeña cantidad de dinero que el amo le había permitido ir ahorrando, o bien por disposición testamentaria. Tras su libertad, se le consideraba como un meteco y normalmente quedaba obligado a permanecer al lado de su antiguo dueño mientras viviera o a cumplir ciertas disposiciones. Aun así, las continuas guerras y revueltas políticas les ofrecían muchas posibilidades de escapar a su destino: en casos de emergencia, la ciudad podía alistarlos como remeros y se les concedía la libertad. También en esos momentos era más fácil la huida. En los años finales de la guerra del Peloponeso, más de 20.000 esclavos huyeron de Atenas. Muchos eran, como dice Tucídides, artesanos cualificados, pero prefirieron arriesgarse en busca de la ansiada libertad.

LOS ESCLAVOS

"En la especie humana hay individuos tan inferiores a los demás como el cuerpo lo es respecto al alma, o el animal respecto al hombre;  son los hombres de los que no se puede obtener nada mejor que el desarrollo de la fuerza corporal. Estos individuos están destinados por la propia naturaleza a la esclavitud, porque para ellos no hay nada mejor que obedecer"

jueves, 12 de mayo de 2016

ESCLAVOS?

Hallados en Atenas ochenta esqueletos maniatados de época arcaica

Esqueletos hallados en las cercanías de Atenas
Que el mundo antiguo era más violento y cruel que las idílicas versiones que los modernos hemos querido ver en el mismo es algo que cualquier historiador puede comprobar con un simple acercamiento a las fuentes. Los castigos corporales y las penas de muerte infligidas con suma crueldad eran algo habitual en todos los estados de la Antigüedad, incluidas la Grecia y la Roma clásicas en las que se basan los fundamentos de nuestra civilización. La pasada semana, un grupo de arqueólogos griegos realizó un hallazgo que nos pone de nuevo frente a esta violenta realidad.
La bahía de Fáliro, al sur de Atenas, es el escenario de una excavación arqueológica previa a la construcción de un centro cultural. Lo que eran unas simples excavaciones exigidas por ley, se convirtieron en el que puede ser el hallazgo más impresionante de los últimos meses. Los arqueólogos, que no esperaban encontrar en este punto nada de relevancia, han hallado una enorme fosa común en la que se alinean hasta ochenta esqueletos, con las manos atadas sobre la cabeza. Muchos de ellos tienen las mandíbulas abiertas, en un rictus eterno de dolor y súplica. Las primeras investigaciones señalan que los cuerpos pertenecen a hombres jóvenes y sanos, con una buena dentadura. Gracias al hallazgo de varios fragmentos de cerámica, se ha podido fechar la muerte de este grupo de individuos en la segunda mitad del siglo VII a.C., es decir, en plena época arcaica.
¿Quiénes eran estos individuos ejecutados y enterrados de forma tan cruel? Los historiadores han apuntado a la posibilidad de que se trate de los seguidores de Cilón, un noble ateniense que intentó dar un golpe de estado y fracasó en su intento. Sus partidarios tuvieron que refugiarse en la Acrópolis, antes de caer apresados y ser ejecutados por sus acciones. Aunque el propio Cilón consiguió escapar, no ocurrió lo mismo con sus seguidores, que fueron condenados a muerte. La fecha de la conjura de Cilón coincide con la propuesta por los arqueólogos para datar los esqueletos maniatados. ¿Estamos ante los restos de los seguidores de Cilón, ejecutados por tratar de establecer una tiranía en Atenas?

lunes, 9 de mayo de 2016

SOCIEDAD GRIEGA

En la Grecia Clásica, la organización social se dividía básicamente según la condición de las personas:

  • Personas libres, fueran o no considerados ciudadanos.
  • Esclavos.
Teniendo en cuenta lo anterior, las dos principales polis, Atenas y Esparta, presentaban a su vez diferencias entre sí.
ATENAS
Clases sociales libres

  • Ciudadanos: La condición de ciudadano se conseguía mediante el nacimiento: si el padre lo era, entonces el recién nacido también. Durante la época de Pericles, además del padre, también debía serlo la madre.

  • La ciudadanía conllevaba derechos y deberes de diversa índole:
      • Político: Participaban en las magistraturas y podían votar y ser votados (según edad y requisitos patrimoniales).
      • Militar: Integraban las filas de hoplitas o de caballería.
      • Judicial: Debían ejercer como miembros de diversos tribunales de justicia. 
      • Social: Participaban en los cultos y festivales de la ciudad. Podían tener propiedades.

  • No ciudadanos
    • Metecos: Eran los extranjeros, fueran griegos nacidos en otras polis, no griegos asentados en la polis o esclavos liberados. Sus derechos y deberes eran:
      • Político: A pesar de ser libres, carecían de derechos de ciudadanía, por lo que no podían votar ni participar en ninguna de las instituciones del Estado. 
      • Militar: Servían como hoplitas o remeros. 
      • Social: Debían pagar un impuesto especial y carecían de derecho de propiedad privada. Aunque carecían de derechos de ciudanía sí podían llegar a obtenerlo.
    • Clerurcos: Eran los miembros de una colonia o clerurquía. A los enviados desde la polis se les asignaba un lote de tierra.
Clases sociales no libres
  • Esclavos: Era el grupo más numeroso y su origen era variado: aquellos que fueron vencidos durante las guerras, o sus descendientes; aquellos que habían impagado sus deudas;...
    No tenían derechos políticos ni tampoco sociales, excepto para participar en el culto público, aunque sí podían comprar su libertad y convertirse en metecos, mediante el trabajo u obtenerla de sus amos. Militarmente podían ser reclutados para el ejército o la flota.
ESPARTA
La sociedad se componía de tres grupos principales y dos secundarios:
Clases sociales principales
  • Ciudadanos o Espartiatas: Los ciudadanos, llamados homoioi ("los iguales"), tenían plenos derechos. Eran una minoría privilegiada dentro de la población y su principal función era la pertenencia al ejército y la participación en los órganos de gobierno.
  • No ciudadanos:
    • Periecos: Eran extranjeros que vivían en sus propias ciudades en las regiones periféricas, donde tenían su propia organización y mantenían su libertad personal. Políticamente no tenían los derechos de Esparta, pero sí derechos civiles propios. Militarmente tenían la obligación de servir en el ejército. Sus actividades principales eran el comercio, la artesanía y la agricultura.
    • Ilotas: Eran los esclavos públicos asignados a las tierras que el estado espartano cedía a los espartiatas.  Recibían una parte del producto producido una vez entregada la parte correspondiente al espartiata titular de las tierras. La presencia de ilotas en el ejército espartano fue siendo cada vez más frecuente, pudiendo ser liberados cuando destacaban en la batalla, pasando a convertirse entonces en neodamodes.

Clases sociales secundarias
  • Motaces: Eran hijos de uniones mixtas entre espartiatas e ilotas, o espartiatas pobres adoptados legalmente, apadrinados, por otras familias espartiatas. En caso de destacar en sus servicios a Esparta podía llegar a conseguir la plena ciudadanía.
  • Partenios: Eran hijos ilegítimos, bastante frecuentes debido a la ausencia continuada de los espartiatas por las frecuentes guerras.

VESTIDO GRIEGO Y ROMANO

viernes, 15 de abril de 2016

El hombre más fuerte de la historia

Este honor lo tiene un luchador de la antigüedad llamado Milon de Crotona. La historia de este forzudo profesional es una de esas curiosidades que encontramos tan a menudo en la Grecia antigua.
Griego, nacido en Crotona, vivió en el siglo IV a.C. y se coronó hasta 6 veces campeón olímpico. Según dice la leyenda, desde bien joven practicaba su fuerza levantando a diario un ternero. Así, el campeón heleno crecía al igual que el carnero y su fuerza aumentaba paulatinamente. Pero era tal su fuerza como su voraz apetito. Famosas eran su grandes ingestas de alimento, principalmente carne y vino. Como a todas las leyendas, el final suele ser trágico. Intentando levantar del suelo un árbol, calculó mal y murió aplastado…
Milon de Crotona Curiosidades de la Historia
Milon de Crotona y el ternero

domingo, 28 de febrero de 2016

SOCIEDAD GRIEGA


sábado, 7 de noviembre de 2015

La formación de la polis griega

Acrópolis de Atenas
Durante la época oscura que siguió a la decadencia y desaparición de la civilización micénica, los griegos se dividieron en pequeñas comunidades que, en el siglo VIII a.C., evolucionaron hasta convertirse en ciudades-Estado totalmente independientes: las polis. La accidentada geografía del país contribuyó de forma decisiva en este proceso de fragmentación política, puesto que la mayor parte de los asentamientos se situaron en territorios costeros de difícil acceso y en valles rodeados por escarpadas montañas.

Al mismo tiempo que las polis se constituían en la principal unidad política, social y económica de Grecia, también surgió en la zona del mar Egeo un sentimiento de conciencia nacional fomentado por la existencia de una lengua y de una religión comunes para todos los grecoparlantes. Los lazos culturales que unían a las diferentes comunidades griegas originaron la aparición de una identidad colectiva -Hélade-, palabra que los griegos utilizaban para describir todo aquello que los definía como nación y los distinguía de los pueblos extranjeros.

Pero la identidad racial e intelectual que exhibían orgullosamente los habitantes de las distintas ciudades griegas jamás se tradujo en la fundación de un Estado unificado. La rivalidad existente entre las diferentes polis y la convicción de que el reducido tamaño de estos Estados era el idóneo para practicar una política adecuada hizo que su independencia se mantuviera prácticamente inalterable durante siglos.

Moneda griega que representa un coche tirado por caballos
El poder de la aristocracia

En sus albores, las diferentes ciudades-Estado estuvieron dominadas por caudillos militares -los basileus-, que en muchos casos, también ejercieron la autoridad religiosa y judicial. A mediados del siglo VII a.C., sin embargo, el gobierno de tipo oligárquico se impuso progresivamente sobre el monárquico y, así, el poder político pasó a manos de asambleas formadas por representantes de las familias locales más ricas e influyentes -los eupátridas-.

Para hacer efectivo su poder, las asambleas elegían cada año a un determinado número de magistrados entre los eupátridas. Ellos eran los encargados de dirigir el ejército y llevar los asuntos religiosos, entre otras tareas de responsabilidad. En algunas ciudades-Estado, determinados cargos quedaron en manos de las antiguas casas reales, ya que éstas siguieron ocupando un lugar destacado entre la élite social.

Los miembros de la clase dirigente -que se referían a ellos mismos como "los mejores" (aristoi)- detentaban el poder económico además del político, monopolizando casi en exclusiva la posesión de la tierra. Debido al enorme costo que suponía comprar las armas y armaduras de metal necesarias para el combate, eran además los únicos que podían intervenir en las guerras. Por su parte, el pueblo gobernado -el demos- sólo participaba en la vida pública cuando era requerido por la asamblea aristocrática y, de esta manera, quedaba al margen de cualquier responsabilidad política.

El sistema aristocrático -literalmente "el gobierno de los mejores"-, desarrollado en las ciudades-Estado griegas, se legitimaba en la tradición y en la existencia de círculos de parentesco hereditarios. Todos los ciudadanos, ya fueran terratenientes o simples campesinos, quedaban integrados desde su nacimiento en diferentes tribus (phylé), divididas a su vez en comunidades formadas por los descendientes de un héroe o dios ancestral (fratías). Esta rígida estructura social, de carácter supralocal, permitió justificar durante décadas el predominio y capacidad de liderazgo de la aristocracia griega.

Con el paso del tiempo, sin embargo, diferentes factores confluyeron para desestabilizar el orden político y social existente. En primer lugar, la consolidación del comercio y de la artesanía como actividades generadoras de riqueza hicieron prosperar a ciudadanos que no pertenecían a las grandes familias y que, pese a su poder económico, carecían de derechos políticos. En segundo lugar, el progresivo empobrecimiento de los campesinos hizo que muchos de ellos acabaran convirtiéndose en esclavos al no poder pagar sus deudas, lo que provocó el incremento de la tensión social en el campo y el estallido de numerosas revueltas. Finalmente, la necesidad e reclutar continuamente soldados, junto con el desarrollo de una nueva estrategia de combate que requería de armamento menos costoso -la falange hoplita- forzó la incorporación de ciudadanos no aristócratas que, a cambio de su esfuerzo, acabaron pidiendo el reconocimiento de sus derechos políticos.

En este contexto, para resolver la crisis política y social que amenazaba con desembocar en una guerra civil, en algunas polis se tomó la decisión de dar respuesta a las exigencias reformistas de las clases inferiores y medias y se impulsaron medidas en favor de una mayor justicia social. Para redactar las nuevas leyes, las ciudades eligieron a magistrados extraordinarios que, dotados de poderes especiales, también se ocuparon de mediar en los múltiples conflictos existentes.

Ubicación de las polis griegas
Así aparecieron legisladores como Zelenco de Locres (sur de Italia) en 683 a.C., y Carondas de Cantana en 630 a.C., que optaron por distribuir de forma más equitativa el poder político entre los ciudadanos. También destacó la legislación aristócrata del ateniense Dracón, primera de la ciudad, cuyo código subordinó el poder de las tribus a la justicia del Estado.

Los más importantes legisladores del mundo griego arcaico fueron el legendario Licurgo de Esparta -probablemente, del siglo VIII a.C.- y, sobretodo, Solón quien, a principios del siglo VI a.C., redactó una constitución para Atenas. En su gobierno, para zanjar el problema de las rebeliones, el magistrado decidió poner fin a las injusticias que sufrían los pequeños agricultores y suprimió los excesivos impuestos que soportaban, canceló sus hipotecas, abolió la esclavitud por deudas y devolvió la libertad a los campesinos que la habían perdido. Con el fin de igualar a los nuevos ricos con la antigua clase terrateniente, modificó las instituciones políticas de la ciudad y estableció nuevas leyes que debían ser cumplidas por todos los ciudadanos, independientemente de su origen y posición social. Solón, con su reforma, estableció las bases sobre las cuales surgiría la democracia en Atenas.

Pese a los intentos reformadores de los magistrados, o bien al margen de estos, los conflictos sociales y las luchas políticas pervivieron en muchas ciudades griegas, lo que entre los siglos VII y VI a.C. fue aprovechado por diversos personajes aislados, casi siempre aristócratas, para usurpar el poder y acabar con el gobierno de las oligarquías locales. La aparición de los tiranos -que significaba "señor neutral"- coincidió con el fin de la unidad de los grandes grupos aristocráticos que, en muchas polis, acabaron rivalizando y enfrentándose entre sí para conseguir la supremacía política.

Plato griego que representa una escena de comercio
La época de la tiranía

Los tiranos, en la mayor parte de los casos, llevaron a cabo políticas populares y en contra de la aristocracia tradicional, lo que les hizo ganarse el apoyo del pueblo. También impulsaron la construcción de suntuosos templos, edificios y todo tipo de obras públicas, lo que permitió dar trabajo a buena parte de la población y aliviar el problema del crecimiento demográfico.

Para fortalecer su popularidad y prestigio, recurrieron con frecuencia a la guerra contra los Estados rivales y organizaron fiestas religiosas en las que, a diferencia del pasado, se permitió participar a todos los ciudadanos griegos, sin distinción de clase o rango.

Éste fue el caso de Polícrates, tirano de Samos; de Eufrón de Sición; y de Fidón de Argos, el cual introdujo el sistema de pesas babilónico en Grecia -lo que permitió mejorar el comercio- y derrotó a los espartanos en la batalla de Hisias (699 a.C.). Otro tirano destacado fue Cipselo de Corinto, quien después de derrocar por la fuerza a los oligarcas de su ciudad (657 a.C.), confiscó sus propiedades y los desterró. A su muerte, fue sucedido por su hijo, Periandro, que redujo los impuestos y abolió la esclavitud. La familia de Cipselo gobernó Corinto durante 77 años.

El gobierno absolutista ejercido por los tiranos, generalmente aportó grandes beneficios a las ciudades y fomentó al creación y reforma de leyes para mejorar el sistema jurídico y la convivencia ciudadana. Muchas veces los tiranos se limitaron a sustituir a los magistrados por amigos o familiares, respetando escrupulosamente la constitución vigente.

Salvo contadas excepciones, la tiranía fue tan intensa como breve. Penetró en el vacío de poder que acababa de producirse; aprovechó el momento y fue finalmente eliminada, generalmente por medio de la violencia, cuando dejó de ser necesaria. Ni reformistas ni tiranos lograron poner fin a la crisis política y social existente, y la estructura del Estado en Grecia tuvo que seguir evolucionando.

domingo, 7 de junio de 2015

CASA GRIEGA

https://sites.google.com/site/culclasalagon/06-el-urbanismo-y-la-vivienda/6-1-1---la-vivienda-en-grecia/20070717klphisuni_26_Ees_SCO%20(1).png