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viernes, 6 de mayo de 2016

MITOS LEYENDAS: DIOSES GRIEGOS

viernes, 15 de abril de 2016

PREGUNTAS SOBRE DIOSES GRIEGOS

ANUNCIOS CON TEMÁTICA GRIEGA

jueves, 14 de abril de 2016

Texto sobre mitología griega (saga de Percy Jackson)

Entre los muchos mitos de la mitología griega uno de ellos, no de los más importante, es el de Narciso y Eco. Como todos los mitos los seres humanos se convierten en juguetes de los dioses y diosas que para colmo castigan su defectos y vicios. En este caso, Narciso "desgraciadamente" era tan guapo que estaba enamorado de sí mismo y no podía dejar de observar su imagen en el lago. Por otro lado estaba su enamorada Eco castigada por la diosa Hera a repetir las últimas frases de lo que dijese su interlocutor.
Os pongo un  texto del novelista juvenil Rick Riordan donde sus protagonistas Hazel y Leo se encuentran a ambos personajes bastante actualizados. Confieso que los he leido todos los de la saga y me parecen extraordinarios.
    <<Encontraron el problema… si una pandilla de chicas guapas es un problema. Eco los llevó hasta un prado con la forma del cráter de una explosión, que tenía una pequeña charca en medio. Reunidas en la orilla del agua había varias docenas de ninfas. Por lo menos, Leo supuso que eran ninfas. Al igual que las del Campamento Mestizo, llevaban vestidos de gasa. Tenían los pies descalzos. Poseían rasgos de duende, y su piel tenía un tono ligeramente verdoso.
    Leo no entendía qué estaban haciendo, pero todas estaban congregadas en el mismo sitio, mirando hacia la charca y abriéndose paso a empujones para ver mejor. Varias sostenían móviles con cámara, tratando de hacer fotos por encima de las cabezas de las otras. Leo nunca había visto a ninfas con teléfonos. Se preguntó si estaban mirando un cadáver. De ser así, ¿por qué daban saltos y se reían con tanto entusiasmo?
   —¿Qué están mirando? —preguntó Leo.
   —Mirando —dijo Eco suspirando.
   —Solo hay una forma de averiguarlo. —Hazel avanzó resueltamente y empezó a abrirse paso a empujones entre el grupo—. Disculpad. Perdón.
   —¡Eh! —se quejó una ninfa—. ¡Nosotras estábamos antes!
   —Sí —dijo otra despectivamente—. Vosotros no le vais a interesar.
   La segunda ninfa tenía unos grandes corazones rojos pintados en las mejillas. Encima del vestido llevaba una camiseta de manga corta en la que ponía: ¡¡¡I <3 !!!
   —Ejem, asuntos de semidioses —dijo Leo, tratando de parecer solemne—. Haced sitio. Gracias.
     Las ninfas gruñeron, pero se separaron y les dejaron ver a un joven arrodillado en la orilla de la charca que miraba fijamente el agua.
     Leo normalmente no prestaba atención al aspecto de los demás chicos. Suponía que era el resultado de andar con Jason: alto, rubio, fuerte y básicamente todo lo que Leo no podría ser jamás. Leo estaba acostumbrado a que las chicas no se fijaran en él. Como mínimo, sabía que nunca conseguiría a una chica por su belleza. Esperaba que su personalidad y su sentido del humor compensaran ese aspecto algún día, aunque estaba claro que hasta el momento no había dado resultado.
     En cualquier caso, Leo no pudo pasar por alto el hecho de que el chico de la charca era un tío superguapo. Tenía los rasgos faciales marcados y unos labios y unos ojos a medio camino entre la belleza femenina y el atractivo masculino. El cabello moreno le caía sobre la frente. Podría haber tenido diecisiete o veinte años, era difícil saberlo, pero tenía la constitución de un bailarín, con brazos largos y gráciles y piernas musculosas, una postura perfecta y un aire de serenidad regia. Llevaba una sencilla camiseta blanca y unos tejanos, y un arco y un carcaj sujetos con correas a la espalda. Saltaba a la vista que las armas no habían sido usadas desde hacía tiempo. Las flechas estaban cubiertas de polvo. Una araña había tejido una tela sobre el arco.
     A medida que Leo se acercaba, reparó en que la cara del chico era extrañamente dorada. Con la puesta de sol, la luz se reflejaba en una gran lámina lisa de bronce celestial situada en el fondo de la charca y bañaba las facciones de don Guaperas de un cálido fulgor.
     El chico parecía fascinado con su reflejo en el metal.
     Hazel inspiró bruscamente.
     —Qué bueno está.
    Alrededor de ella, las ninfas chillaron y asintieron aplaudiendo.
    —Así es —murmuró el joven con aire soñador, sin apartar la mirada del agua—. Estoy buenísimo.
    Una de las ninfas mostró la pantalla de su iPhone.
    —El último vídeo que ha subido a YouTube ha recibido un millón de visitas en hará cosa de una hora. ¡Creo que la mitad han sido mías!
    Las otras ninfas se echaron a reír como tontas.
    —¿Un vídeo de YouTube? —preguntó Leo—. ¿Qué hace en el vídeo, cantar?
    —¡No, tonto! —lo reprendió la ninfa—. Antes era un príncipe y un cazador maravilloso y tal. Pero eso no importa. Ahora solo… ¡En fin, mira!
     Le enseñó a Leo el vídeo. Era exactamente lo que estaban viendo en la vida real: el chico mirándose en la charca.
    —¡Está suuuuuupercañón! —dijo otra chica.
    En su camiseta de manga corta se leía: SEÑORA DE NARCISO.>>
RIORDAN, Rick, La marca de Atenea, Barcelona, Montena, 2013, pp. 67-69.

sábado, 7 de noviembre de 2015

El regreso de los dioses del Olimpo


El solsticio de verano, el 21 de junio, es una de las fechas más importantes en el calendario de muchos seguidores de religiones que se practicaban en la antigüedad, y es un momento especial para gente en Grecia que venera a dioses previos a la era cristiana.
"Me encanta la energía que tiene este lugar", dice Exsekias Trivoulides, quien levantó su tienda de campaña en el Monte Olimpo, que para él es un lugar sagrado.
Trivoulides es un escultor que estudió historia del arte y, en esos días, vive lo que le apasiona. En compañía de otros miles participa en el Festival Prometeia, en honor del héroe griego Prometeo, quien le ayudó a los humanos robando fuego de los dioses.
Es el evento anual más importante para los seguidores de "El regreso de los helenos", un movimiento que trata de rescatar la religión, los valores, la filosofía y el estilo de vida de la antigua Grecia, más de 16 siglos después de que se instaurara el cristianismo.
Estas personas consideran que Grecia se encuentra bajo ocupación cristiana.
"La gente quiere identificarse con su pasado –de donde vienen- para saber a donde van", dice Trivoulides. "Si no conoces tu pasado, no tienes futuro. Se trata de regresar a las raíces. Me hace sentir que continuamos con una tradición de miles de años".
Avances
El festival comienza con seis corredores –ataviados con el equipo de batalla de los griegos- que participan en una carrera de 10 kilómetros al Monte Olimpo, hogar de los dioses, con sus escudos y largas lanzas haciendo ruido a lo largo del camino.
Al salir del pueblo de Dion, ubicado al pie de la montaña, los transeúntes no les prestan mucha atención: están acostumbrados a verlos.
Es una señal de cuan lejos han llegado, en una nación en la que el 98% de la gente se identifica con el cristianismo ortodoxo.
En 2007, un representante oficial de la Iglesia ortodoxa los describió como "un puñado de miserables que quieren resucitar una religión extinta y degenerada".
En estos días, las relaciones han mejorado, según Trifón Olympios, el profesor de filosofía que fundó el movimiento "El regreso de los helenos" en 1996.
"Han entendido que no somos peligrosos, tampoco paganos o adoradores de Satanás", dice.
Y añade: "Somos personas pacíficas con ideas útiles para la sociedad. La crisis económica que afecta a Grecia tendría que aprovecharse para reflexionar sobre los valores que deberían regir a la sociedad".
¿Quiénes son?
El movimiento se centra en los 12 dioses principales de la antigua Grecia. Pero no le rezan a Zeus, a Hera y al resto, los ven como la representación de valores como la belleza, la salud o la sabiduría.
Los seguidores son una mezcla extraña. Hay gente que se identifica con la Nueva Era (New Age) y que venera tradiciones ancestrales, personas de izquierda que resienten el poder de la Iglesia católica ortodoxa y griegos nacionalistas que consideran que el cristianismo destruyó todo lo que era verdaderamente griego.
Mientras los participantes del festival se relajan en su campamento al pie de la montaña, algunos venden libros de filosofía, discos compactos, comida y joyas. Hay quienes se visten con ropa moderna, otros usan túnicas y unos pocos utilizan coronas de flores.
A lo largo de los tres días que dura el evento se realizan oraciones públicas, dos matrimonios y una ceremonia de cambio de nombre, en la que los participantes escogen alguno de la antigüedad -como Calisto, Hermes u Orfeo – y se "purifican" dejando de lado sus nombres cristianos.
Ninguno de estos rituales es reconocido oficialmente por el Estado griego. La mayor dificultad para los integrantes del movimiento es la imposibilidad de orar en los templos antiguos y la lucha para obtener el permiso que les permitiría construir sus propios templos, lo que en Grecia requiere la autorización del obispo ortodoxo local.
En un intento por formalizar su estatus, la organización que los agrupa, el Consejo Supremo de los Griegos Gentiles, lleva adelante una campaña que pide que su culto sea categorizado como una "religión étnica" de Grecia.
Pero es una propuesta que pocos griegos apoyarían, según Victor Roudometof, profesor de sociología de la Universidad de Chipre y experto en religión en Grecia.
"Aunque muchos griegos van a la iglesia pocas veces al año, el cristianismo ortodoxo es un pilar de su identidad", dice.
"Quienes rinden culto a los antiguos dioses griegos –agrega- son considerados como una curiosidad".
Inconsistencias
Expertos en el estudio del mundo antiguo también tienden a ser despectivos.
"No creo que se pueda retroceder el tiempo. No puedes importar una religión ancestral a un entorno y un sistema social totalmente diferentes", dice Robert Parker, profesor de historia antigua en la Universidad de Oxford.
Tiene dos palabras para describir a quienes intentan hacer eso, la primera es "excéntrico", y la segunda, "ridículo".
Parker también señala que hay inconsistencias históricas, por ejemplo, Prometeo era un personaje menor en la mitología griega a quien nunca se le dedicó un gran festival.
Otros historiadores opinan que estos grupos están idealizando una religión que tiene poco que ver con ética o moralidad.
"Lo esencial era establecer una relación quid pro quo, en la que se rendía culto a los dioses a cambio de recibir algún favor. Los valores y las virtudes eran totalmente irrelevantes", señala Peter Jones, cofundador de Amigos de lo Clásico.
El sacrificio animal era, de lejos, la parte más importante de cualquier ritual religioso en la Grecia antigua, lo que incluía degollar a un toro vivo en el altar que se encuentra afuera del templo.
Pero la mayoría de los seguidores actuales del movimiento hacen ofrendas sencillas con flores, frutas, leche y miel.
El Monte Olimpo
Actuaciones en el Monte Olimpo
Los griegos antiguos también eran reconocidos por el drama y la tragedia, por lo que un montaje teatral nocturno, a la luz de las antorchas, es el evento principal del festival en el Monte Olimpo.
La representación combina el drama clásico con clases sobre el legado de los antiguos griegos.
Los seguidores de este movimiento son conscientes de que son vistos como un grupo marginal por algunas personas, pero insisten en que las actitudes en Grecia están cambiando.
"Al principio, hacían chistes, nos ignoraban, ahora están interesados", afirma el contador Persis Argyros, quien ha sido parte de la agrupación desde sus inicios. "Ya no pueden ignorarnos".
Nadie tiene cifras concretas sobre el número de seguidores, pero se ha incrementado desde que se realizó el primer encuentro, hace 17 años. El movimiento asegura tener cientos de miles de adeptos.
Está claro que están felices en el Olimpo. Después de que la obra de teatro termina, los helenos bailan y retozan a la luz de la Luna.
Fuente. BBC Mundo